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lunes, 3 de octubre de 2011

El entrenamiento de los japoneses en las universidades, por José Ángel Guedea

Fuente: Arajudo.com

El entrenamiento de Judo en la universidad en Japón.

Una de las cosas que más me ha impactado cuando he visto este año hacer ju renshiu (randori) a los japoneses en los entrenamientos en la universidad es la violencia con que se entrenan.
Entran con fuerza, tiran sin cuidado, se tiran y caen encima, da la impresión de que intentan hacer daño, (sin embargo apenas se lesionan), se “pican” cuando están haciendo y parecen verdaderos enemigos, y si no consiguen tirarse, repiten hasta que el más fuerte o veterano decide dejarlo.


Acaba el entrenamiento y resulta que son amigos y conviven juntos en la residencia, y terminado el entrenamiento, por fuerte, duro y disputado que haya sido, se quedan tirados hablando, salen amigos y en el próximo entrenamiento repiten buscando otra vez lo mismo. 


En España, pienso que no es común trabajar con este nivel de agresividad, cuando se ponen asi, o tienen un nivel muy similar y los dos van a lo mismo, o uno de ellos piensa “este tío está loco” y no es infrecuente ver como deja de hacer con él antes de tiempo, o simula que se hace daño, que quizá es cierto, y no puede seguir.



Randori en la Universidad Nihon (Nichidai)

En mis entrenamientos, siempre insisto en que “hay que saber trabajar con diferentes niveles, y que con todos y de todos se puede aprovechar para practicar y aprender”. Quizá me he vuelto “blando” y me da miedo cuando dos judokas de un nivel similar “la emprenden a tortas”, primero porque luego quizá no se hasta que punto van a saber diferenciar lo que pasa en el tapiz de lo que es fuera, luego porque se puedan lesionar y pienso que para alguien que practica Judo lo primordial es no lesionarse y sencillamente porque no me siento a gusto cuando “se pegan pasando de un cierto nivel” y temo que se hagan daño.


Pero sin embargo tengo que reconocer que la progresión para la competición viene a través de esa forma de practicar, de desarrollar esa agresividad y de trabajar de esa manera “se compite como se entrena”, y seguro que es duro, que es molesto, y que incluso puede resultar peligroso el entrenamiento asi, pero que es la forma y que si verdaderamente se quiere progresar en competición, hay que llegar a practicar. 

En las últimas competiciones que he asistido esta temporada con alumnos me he encontrado un nivel y una forma de actuar, que me ha hecho pensar “nosotros no entrenamos de esta manera” y es cierto, en el club hemos conseguido tener un grupo fuerte de amigos, amigos que hacen bien Judo, que disfrutan con su práctica y que como son amigos y se quieren, todos tienen especial cuidado por no hacer daño, (yo soy el primero que insisto en que así sea), e incluso porque alguno salga satisfecho sus compañeros bajan su nivel de ejecución y en ocasiones “se dejan tirar”, esto en Japón es impensable. 


Recuerdo un artículo que en la década de los 70 salía en la revista France Judo que se titulaba “les larmes de Tenri” (las lágrimas de Tenri), era el francés ligero Jean Jacques Mounier que relataba lo duro que se les hacía el entrenamiento al equipo francés los primeros días sobre el tatami de Tenri.


Estos días yo lo he vivido con mis alumnos. He vivido con angustia como un sempai de 22 años (de corazón débil), como lo definió su entrenador japonés, y en teoría superior, se ensañó con un alumno mío de 17 el primer día que se entrenaba en Japón y como no le resultaba facil tirarlo, lo tiró de cualquier manera y sin ningún control. Como consecuencia mi alumno estuvo dos semanas en Japón apartado del randori, (objetivo primordial de su viaje). 


Y he vivido la progresión que han llevado mis alumnos de caer frecuentemente y con facilidad los primeros días a caer con menos frecuencia pero con mayor brutalidad después, ya que al comenzar a habituarse, poner mayor resistencia y ser más difícil tirarlos, sus contrarios se empleaban más a fondo. 


También he vivido con satisfacción como los primeros días sorprendían con alguna técnica que los japoneses no estaban acostumbrados, y como estos, han aprendido rápido a defender y a evitar, y he visto como mis alumnos han sufrido una progresión natural que les ha llevado a caer menos y a no hacerse extraño verlos tirar.



Randori en la Universidad Nihon (Nichidai)

A lo que también he asistido y me cuesta asimilar, es a ver como el sempai de “corazón débil” cogía siempre a un japonés, siempre el mismo y lo “maltrataba” durante gran parte del entrenamiento (muchos días durante todo el entrenamiento), ante la impasibilidad de sus compañeros. Y el maltratado aceptaba “caer duro”, muchas veces y de cualquier manera. 


Dando muestras de dolor en ocasiones pero siempre levantándose y lleno de moral siguiendo con su cometido y aceptando el maltrato como si esa fuera su misión. Y este “maltratado” no es flojo ni hace mal. En unos combates que un día hicieron no se para qué, delante del grupo y de Yasuda sensei, este maltratado ganó sus dos combates haciendo buen Judo y mostrando una agresividad que cuando practica con “el maltratador” no demuestra.

Pero esto ha sido la excepción. Lo normal es haber asistido en los entrenamientos a duros enfrentamientos, violentos pero nobles entre japoneses, sin apenas lesiones, que realizando un Judo “a la japonesa” y agarrando con las dos manos se lanzan como kamikazes, y haber vivido los tiempos de entrenamiento, con interés y muchas veces con miedo después de la experiencia del primer día ante la posibilidad de que se volviera a lesionar alguno de los míos.