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viernes, 6 de enero de 2012

Historias de Krav Maga

Fácilmente yo podría sentarme y escribir cientos de miles de páginas sobre Imi, porque, a fin de cuentas, gocé de su compañía durante más de 20 años, todos los días, y tengo la absoluta convicción, de que todo aquél que navegue en el sitio del Krav Magá, tendrá material suficiente para hablar sobre él. Por lo tanto, me llené de coraje para traer a colación por escrito una parte suya, no tan visible y que sí está escondida para la mayoría de las personas.

En el año de 1974, después de un año o un poco más, y habiendo pasado el país por la gran tormenta, incluyéndome a mí, de manera particular, Imi y yo nos encontramos conversando en la cafetería preferida de Imi, que a él le gustaba frecuentar. En nuestra conversación, él se refería a mis últimas experiencias vividas y me preguntaba si ellas me habían causado alguna marca física, de alguna manera, en una conversación abierta y franca y entonces me hizo una pregunta que me causó una gran sorpresa:



Lichtenstein, ¿te gustaría experimentar algo nuevo y diferente de lo que hasta hoy has vivido?

Automáticamente le dije que sí con la cabeza. Imi era como un padre, un amigo, un hermano, un profesor, una gran persona y mucho más, y en los últimos años de nuestra amistad, no me deparaba con un estilo de abordaje similar a este. Le penetré un mirar lleno de sorpresa, mientras sacaba del bolsillo de su abrigo un pequeño libro negro, y extendiéndomelo, me guiñó el ojo izquierdo y me hizo una señal para que lo escondiese inmediatamente, porque era sólo para mí.

El pequeño libro era una obra sobre el Zen. Fue la primera vez que vi esta palabra. A lo largo de los siguientes años, Imi me hizo volver a consultar este libro u otro del mismo género, ayudándome mucho en la comprensión de la relación existente entre el Zen Budismo y los ejercicios del Krav Magá. A través de los ejercicios del Krav Magá pude entender lo que decía el Zen, lo que no lograría de otra forma. Escribí sobre esto en mi primer libro. Durante los años posteriores, me dediqué intensamente al asunto para adquirir una comprensión correcta de la interrelación existente entre uno y otro. Este portal secreto que Imi me abrió, me llevó a otro nivel de discernimiento sobre el Krav Magá y la visión del mundo.

Entonces, primeramente, necesitamos entender dónde empezaron las cosas. Los grandes maestros son:
1-Jigaro – Kano – Creador del Judo.
2-Mohihi – Wechiba – Creador del Iu-ki-dó.
3-Tin – Fanakushi – Creador del Kárate. Todos ellos tenían fundamento Zen Shinto. Todas las artes marciales crecieron de las raíces del Zen Budismo y de los poderosos samuráis. Imi también, si no era físicamente parecido con los orientales, se aproximaba bastante en su espíritu. De ahí proviene su grandeza y potencialidad para la construcción de un arte marcial tan exclusivo. El Zen no se crea en una biblioteca pública o delante de una televisión. El Zen se solidifica a través de sus propias profundidades por medios de los movimientos del Krav Magá. Y este fue creado por Imi. El Krav Magá se entiende y se realiza de la forma más provechosa cuando se realiza el movimiento corporal, en la flexibilidad, velocidad, agilidad y fuerza. Basta tener todo esto para poseer las condiciones de un practicante de Krav Magá. Sin embargo, ¿esto es realmente así? El pequeño librito que Imi me dio, me llevó a diversos y distantes lugares.

A un mundo diferente que explica lo inexplicable. A comprender lo incomprensible. Los ejercicios corporales se convirtieron en movimientos vivos, poseedores de una esencia propia. Me suministró una nueva interpretación entre la enseñanza del Krav Magá y el espíritu de la época de los samuráis, al ser instructor del Krav Magá hace más de 30 años.

Suministré conocimientos y gradué decenas de personas en cintas negras. Y siempre, en la ceremonia de la graduación, cuando le confería las cintas negras y el diploma, les ofrecía también el librito negro que Imi me dio. Algunos lo hojeaban rápidamente. Otros, más interesados, me preguntaban, se interesaban y querían desarrollarse y aprender a transmitir los movimientos físicos también para el espíritu, y darse cuenta de los más ínfimos movimientos. Como profesor, me vi rápidamente sujeto a la responsabilidad de abrir esta nueva ventana a mis alumnos. Por lo menos, a aquellos que se manifestaron en ese sentido. Los mismos ganaron más en el arte del Krav Magá.

Lo correcto sería decir que Imi desarrolló y erigió el Krav Magá sobre el principio ideológico de los movimientos físicos solamente, pero no podemos olvidarnos de que él lo introdujo inicialmente en las diversas fuerzas de seguridad, en cursos de horario reducido. De acuerdo con la preparación física exigida en tales condiciones, es difícil transmitir y desarrollar un arte que se extiende por varios años. Por lo tanto, todavía es válido en el sentido de la ideología corporal solamente. Pero será que, en realidad no me detuve, en varias ocasiones y me pregunté, perplejo, sobre la veracidad más profunda: ¿dónde está el eslabón que falta, y que nos conecta a nosotros, los practicantes de Krav Magá, a las artes tradicionales del lejano oriente? ¿Cómo alcanzar esta calidad con un grado suficiente de autodominio que se extiende a todos los sectores de la vida?

Nuestro cuerpo físico, (con el cual nacimos y con el cual terminaremos nuestro ciclo de vida sobre la faz de la tierra), podremos fortalecerlo con entrenamientos extenuantes, podremos aumentar el grado de flexibilidad y de levedad del movimiento natural que la naturaleza nos concedió en el momento de nuestro nacimiento. Todas estas cosas terminan por más que nos esforcemos. Pero algo nos es dado de forma ilimitada e irrestricta, la fuerza del espíritu. No existe nada más veloz que la fuerza del pensamiento y la comprensión aguzada y rápida como una espada en acción.

Yo pienso que todo practicante de Krav Magá debería adquirir para sí mismo, toda la agudeza del discernimiento y la responsabilidad en la transmisión y comprensión de las cosas que están más allá de nuestra comprensión.

Cuando crié la Primera Escuela de Krav Magá en Israel y en el exterior, y el Centro Internacional, lo único que deseaba era aportar con mis conocimientos y experiencia, fruto de décadas con Imi. A usted que navega y entra en este modesto sitio y encuentra un significado al mirar con más detenimiento, tendré un inmenso gusto en responderle sus inquietudes.