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sábado, 21 de enero de 2012

Los entrenadores en la competición de Judo, por José Ángel Guedea

El entrenador en la competición.

¿Te sentarás tú en la silla?

Me dice en ocasiones un alumno cuando le comunican que va a participar en un sector o se clasifica para la fase final de un campeonato de España.

Mi respuesta es siempre la misma. Que el importante es él. Que el que tiene que estar y resolver el combate es él. Que si yo puedo por supuesto que quiero estar y haré todo lo que esté en mi mano por estar cerca y ayudar en lo posible. Pero que si yo no estoy, estará y le ayudará el entrenador oficial que les acompañe, y que el combate, esté quien esté en la silla, lo gana o lo pierde él…“yo prefiero que estés tú”, continúa…

En Aragón por decisión federativa, en las competiciones no se contempla la figura del entrenador en la silla ni se permite dirigir los combates. No se si es bueno o no, pero es así.

Las competiciones se desarrollan sin sillas para los entrenadores ni posibilidad de dirigir los combates. Por una parte es cómodo y las competiciones se desarrollan con menos tensión, por lo menos para los entrenadores que asistimos como espectadores.

Quizá así el competidor aprende a competir solo. Es posible. Si sale un dotado de esos que “él se lo guisa y él se lo come”…puede ser bueno. Pero la mayoría de los competidores, para asegurar su actuación, necesitarían y necesitarán en próximas citas, sectores y finales y ante rivales más serios, el apoyo de su entrenador. Y si el competidor desde la base no aprende a escuchar ni a soportar la presión de dos entrenadores dirigiendo durante el combate difícilmente sabrá hacerlo después.


Los mismos entrenadores si no podemos practicar como entrenadores en la silla en casa, tampoco sabremos hacerlo con efectividad cuando nos toque hacerlo.

El competidor está acostumbrado a su entrenador, y sea bueno o no tan bueno para el competidor el suyo es el mejor. Es el que le ha llevado a estar allí. Es el que le ha enseñado, entrenado, animado y ayudado hasta ese momento.

El competidor viaja con el equipo y el entrenador que designa la Federación. Yo podré llegar a tiempo o no, conseguiré estar cerca de él en el momento de la competición o no, pero el que finalmente tiene que enfrentarse y solventar el combate es el competidor.

¿Cómo ayuda el entrenador en el momento de la competición?


Fundamentalmente colaborando en su preparación, infundiendo confianza y comunicando indicaciones que sirvan.

¿Cómo ayuda en su preparación?
Asistiendo al calentamiento. Estando presente y dispuesto a ayudar ante distintos imprevistos. Recordando rutinas y pautas. Manejando los tiempos en el calentamiento dependiendo de cuando se van a desarrollar los combates.

Conociendo el sorteo, observando a los posibles rivales para durante el calentamiento y los momentos previos preparar y aconsejar las acciones pertinentes.

¿Cómo infunde confianza?

Simplemente su presencia en el marco de la competición, da tranquilidad al competidor.

Conforme avanza el calentamiento y el competidor va reconociendo sensaciones de Judo que le hacen estar bien, tener cerca a su entrenador y saber que puede disponer de él, recordar como siempre le ha sacado de apuros, le aporta tranquilidad.

La confianza que infundimos en nuestros alumnos es grande. Recuerdo un alumno que antes de salir, él nunca me dijo nada, pero se acercaba a mí y me apretaba el hombro o el brazo como para cargarse de energía… De alguna manera esto le tranquilizaba.

El entrenador tiene que conocer al competidor y tiene que saber que necesidades tiene durante la competición.

Durante el tiempo que estuve con el equipo júnior mi mayor preocupación era conocer al deportista. Conocer su forma de actuar en los combates, sus movimientos fuertes, su forma de ganar. También saber que apoyos necesitaba y quería que el entrenador le aportara durante la competición e intentar ganarme su confianza para conseguir que se sintiera seguro a pesar de no tener cerca a su entrenador de todos los días.

El caballo de batalla con mis compañeros del equipo técnico Pedro Riaguas y Vicente Cepeda era hacerles entender, y no lo conseguí, que en los torneos en que estaban los entrenadores particulares, lo propio y mejor para todos era que se hicieran cargo de sus competidores. Mis compañeros aludían a que los responsables éramos nosotros y que la Federación Española no apoyaba esta posibilidad.

Entiendo que en los Campeonatos oficiales en que solo se puede acreditar a un entrenador no pudiera hacerse, pero existiendo esa opción, qué mayor tranquilidad para un entrenador del equipo nacional que tener a sus competidores arropados, cuidados y dirigidos por su entrenador personal, y… ¡qué liberación de responsabilidad!.

¿Qué indicaciones sirven?

En el momento de estar en la silla y conociendo al competidor, recordando las pautas establecidas y el procedimiento a seguir.

Pienso que no es momento aquí de intentar desarrollar lo que podía constituir toda una asignatura de un curso de titulación.

Lo que si quiero comentar son distintas situaciones con que se encuentra el entrenador en los distintos momentos de la competición y sus sensaciones.

La llegada a la competición y al momento del pesaje

El Judo es una gran familia y poco a poco todos nos vamos conociendo. La llegada al hotel por una parte es un momento de reencuentro con muchos amigos, entrenadores, competidores, de alegría y de sorpresas por gente que encuentras y quizá no contabas encontrar.

Por otra parte es un momento de presión cuando ves a los rivales de tu competidor y a sus entrenadores confiados en ganar, o por lo menos aparentándolo…

Lo he comentado alguna vez. En mis comienzos como entrenador y con una camada muy buena de esperanzas, con un entrenamiento y un trabajo a sus espaldas que solo ellos y yo sabíamos, en un pesaje con entrenadores de cierto prestigio, antiguos campeones mucho más veteranos que yo, conocidos de los federativos y que se movían por el pesaje como “Pedro por su casa” demostrando soltura y quizá cierta prepotencia, tuve una sensación de frustración pensando que todo el trabajo que habíamos realizado no fuera a servir para nada.

Esto lo comenté a mi amigo Sergio Cardell que también tenía un grupo importante en esta categoría y me dijo: “Tú que quieres, ¿venir solo y ganarlo todo? Lo que hay que hacer es venir y estando todos, ganar…”

El momento del calentamiento

Aquí ya se nota cierta tensión. Los saludos son breves, los cruces y cambios de miradas fugaces. Cada entrenador va a lo suyo y respeta el trabajo y la individualidad del otro.

Durante el combate

El entrenador tiene tratar de no amilanarse porque el otro entrenador sea un antiguo campeón o competidor con resultados. No es él el que compite. Compite su pupilo…

De todas formas si conocemos al entrenador, eso nos puede servir para darnos una idea de la forma de Judo que puede desarrollar su alumno…

El entrenador debe estar atento a las indicaciones que el otro entrenador puede dar a su judoka para obrar en consecuencia.

El entrenador no compite contra el otro entrenador. El entrenador colabora con su competidor y organiza las directrices y estrategias que le pueden ayudar a ganar.

El entrenador rival puede ser conocido o no, incluso amigo, pero no competimos con él. En ese momento no existe. Nos tiene que dar igual, nosotros vamos a favor de nuestro competidor.

Cuando acaba el combate

El entrenador cuando termina el combate, debe esperar a su competidor gane o pierda, y pensar en el siguiente combate si ha ganado o en la posibilidad de repesca si ha perdido. El reglamento de arbitraje, en Judo exige que el judoka salude antes de empezar el combate y al terminar aceptando la decisión arbitral. Pero no dice nada de los entrenadores.

Cuando termina el combate no es el momento, por parte del entrenador, de levantarse a felicitar al entrenador rival si su competidor ha ganado, o de consolarle si ha perdido.

¡No demos ideas a la FIJ! Que no lo vayan a imponer como han impuesto la chaqueta y corbata, por un postizo “fair play” que se pueda dar en otros deportes.

Una vez fuera del marco de la competición, del tatami, tiempo habrá de felicitar, de consolar, de hablar con el entrenador contrario y con quién haga falta…

Y para terminar decir que no tiene mucho sentido sentarse en la silla para ayudar y dirigir un combate a un competidor que no conocemos. Muchas veces es el competidor de un amigo que le llaman a competir, se ve solo y te dice “¿te pones conmigo?”… en ese momento no vas a negarte. Está claro que necesita un apoyo que su entrenador no le esta dando. El propio competidor tiene que ser consciente de lo poco que le vas a servir estando en la silla.

Pero lo que es innegable que para un entrenador siempre es gratificante que tu competidor te demuestre su confianza una vez más, y antes de una competición te diga: “¿te sentarás tú en la silla?”

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