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jueves, 9 de febrero de 2012

Todo sobre el hombro: Luxación de hombro

Fuente: Vitónica


Continuando con la serie de artículos sobre hombro, en esta ocasión hablaremos sobre una lesión muy frecuente en el deporte, sobre todo en extremos o de contacto: la luxación de hombro.
Por luxación entendemos la lesión en la cual se separan los segmentos óseos que forman una articulación. Por ser la luxación de hombro la que se produce con más frecuencia, hablaremos de ella con detenimiento.

En los artículos sobre anatomía y biomecánica del hombro hemos visto que es un complejo articular que funciona en conjunto para conseguir una gran variedad de movimientos. Esa gran amplitud de movimientos provoca como contrapartida una mayor facilidad para sufrir luxaciones.
Cuando hablamos de luxación de hombro nos referimos a la articulación principal, que forma la cabeza del húmero con la escpápula. Por lo tanto, hablar de luxación de hombro es lo mismo que hablar de luxación escapulohumeral o glenohumeral.

 

Descripción y sintomatología


Es la luxación más frecuente. Lo habitual es que se produzca por un mecanismo indirecto (por ejemplo, colocar las manos en el suelo para frenar una caída violenta). Es frecuente sobre todo en hombres entre 20 y 40 años de edad, aunque también puede ocurrir a otras edades.

Tras la caída que provoca la luxación se aprecia el brazo separado y en rotación externa, dolor, deformidad, e imposibilidad de mover el brazo.

En ciertos casos es posible que, además de la luxación, exista alguna pequeña fractura, por lo que es necesario realizar radiografía y otras exploraciones complementarias para no pasar nada por alto.
Es necesario que se realice una exploración del nervio circunflejo (recordad: es el que inerva al deltoides) porque en ciertos casos el desplazamiento del hueso puede afectar al nervio, y provocar pérdidas de sensibilidad o de la capacidad de mover el hombro.

También hay que hacer una exploración para asegurarse de que no hay vasos sanguíneos afectados.

 

Tratamiento


Las luxaciones tienen que reducirse, es decir, que hay que volver colocar a los segmentos óseos en su sitio. En ciertos casos habrá que operar, pero si todo está bien se procederá a realizar las maniobras de reducción, traccionando y empujando hasta volver a encajar cada elemento en su lugar.
Las luxaciones son muy dolorosas, incluso pudiendo provocar pérdida de conocimiento por el dolor, por lo que el tratamiento con analgésicos es vital.

Después de la reducción, será necesario tener inmovilizado por completo el brazo, con un vendaje o cabestrillo que no permita ningún movimiento. Si la inmovilización no se realiza adecuadamente, puede haber secuelas y complicaciones.


 

Tratamiento fisioterápico


En la fase de inmovilización: Masaje para relajar musculatura cervical y dorsal, ejercicios de fuerza y movilidad con articulaciones libres (potenciar cuello, brazo sano…).

Posteriormente, cuando ya se pueda empezar a realizar movilizaciones suaves, se trabajará para luchar contra el dolor y empezar a potenciar la musculatura del brazo lesionado.

En fases finales de la recuperación se trabajará de forma más intensa, buscando la potenciación de la musculatura, y trabajando sobre todo ejercicios que favorezcan la estabilidad articular, como por ejemplo, potenciar musculatura del manguito de los rotadores y trabajar el deltoides de forma equilibrada.

Una buena recuperación es fundamental para que la lesión cure adecuadamente y no haya riesgo de que se vuelva a producir, por lo que es muy importante respetar los tiempos de inmovilización, realizar la recuperación de forma suave, progresiva y potenciar adecuadamente la musculatura realizando ejercicios que favorezcan la estabilidad.