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viernes, 1 de marzo de 2013

El judogi de Maeda

Hace cinco años hubo un chileno bekkasei (la misma beca que yo estoy cursando) llamado Christian. También hizo judo en IBU durante un año. Era de los que entrenaba. No se perdía ni un solo entreno. Y a consecuencia de esto gastaba los judogis con mucha facilidad. Quedaban desgarrados en pocos meses.
Al final esto supuso un problema y un amigo suyo japonés le consiguió un judogi de segunda mano que había comprado en el Kodokan a muy buen precio. Dicho judogi perteneció en su día a un tal Maeda. Maeda es un apellido muy común en Japón.
Christian utilizó este judogi durante muchos meses y sorprendentemente aguantó. No se desgarró como los anteriores. Hasta tal punto que los japoneses empezaron a llamarle Maeda.
También, y a causa de que se entrenaba muy duro, entabló amistad con el capitán de Judo. Iba a cenar a menudo con él y practicaban juntos a diario. El capitán en Japón es una figura muy común en los sitios donde se practica una actividad. Su función es la de dirigir al grupo a partir de las indicaciones del sensei  (entrenador, maestro, coach…). En un sitio como el tatami de judo de IBU, donde hay alrededor de 100 judokas, el capitán además de ser fuerte, también debe ser un líder. Digamos que es el segundo abordo después del sensei.
Christian acabó su año de bekkasei en Marzo y volvió a Chile. Dejó el judogi de Maeda a uno de los buenos amigos que había hecho en IBU y que también es ahora mi amigo, José. Aunque él practica Iado, utilizó el judogi durante sus clases de judo optativas en la universidad y a día de hoy se ha licenciado y se traslada a una ciudad diferente para empezar a trabajar.
Esta misma semana, como no podía llevarse todo el material acumulado durante cinco años, decidió que debía de deshacerse de bastantes cosas. El judogi de Maeda era una de ellas, sin embargo le daba mucha rabia tener que tirarlo a la basura por la historia que llevaba encima. Así que esta misma semana me lo ofreció como regalo. Yo después de escuchar quién y cómo lo había llevado lo acepté con mucho gusto. El judogi estaba gastado, y las letras a penas se veían.


Durante esta semana está habiendo en Katsuura una concentración de judo universitario. Han venido cerca de seis o siete universidades a entrenar intensivamente durante una semana. Unos 400 japoneses. En el entrenamiento del día siguiente llevé muy orgulloso el judogi de Maeda.
La práctica fue principalmente de randori (combate), durante más de dos horas. El nivel era impresionante. Hubo un japonés en especial que me llamó la atención. Más mayor que el resto, se le notaba muy superior a los demás. Su físico, a pesar de estar en la categoría de 73kg, era enorme.
Cuando empezó el combate de judo suelo (ne waza), este japonés se acercó a mí y me pidió para practicar. Antes de saludarnos me preguntó si era bekkasei y dónde había conseguido ese judogi. Cuando le expliqué que era amigo de José, él me dijo que su nombre era Maruyama , fue capitán hace cinco años en IBU y que recordaba ese judogi y a la persona que lo había llevado. Me había visto con él durante en el entrenamiento y le había llamado la atención. Ahora Maruyama san está compitiendo patrocinado por Toshiba e hizo tercer puesto en el nacional de Japón. Una gran persona.
Gracias a Christian por haber dejado una buena imágen de los bekkesai para años posteriores y gracias a José por haberme regalado el judogi de Maeda.