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domingo, 18 de agosto de 2013

Katsuhiko Kashiwazaki: Biografía de un judoka (III)

Durante mi estancia en la escuela secundaria, me rompí me codo derecho dos veces y una vez el izquierdo. Además de varios dedos de las manos y los pies. Mi madre, como es natural, me pidió que dejara el judo y estudiara o practicara otra cosa. Sin embargo, ya estaba decidido que quería crear mi propio estilo y ser un campeón en el judo. Estas lesiones conllevaron en que potenciara aún más mi judo en el suelo y sobretodo técnicas efectivas para llegar de pié a suelo. Solicité ir a la Universidad de Tokai realizando los exámenes de acceso y los pasé de forma satisfactoria. Estuve muy contento porque por aquel entonces en la Universidad de Tokai estaba Inokuma sensei y Sato sensei, y ambos eran unos especialistas en judo suelo. El sobrenombre de Sato sensei era Ne-waza-Sato porque su judo suelo era muy fuerte. Cuando entré en Tokai, Sato sensei estaba en proceso de convertir a dicha universidad en la más fuerte de Japón. Estaba completamente dedicado al Judo. Nunca cogía vacaciones. Tampoco bebía ni fumaba. Utilizaba casi todos los momentos del día para mejorar su judo. Incluso cuando venía a la Universidad en tren, mejoraba su agarre con diferentes técnicas de entrenamiento. Para Sato sensei, el Judo es una forma de vida, y no termina donde acaba el tatami. Fuera del tatami también hay Judo.

Cuando no estaba enseñando en los tatamis de la Universidad, solía acudir a otros dojos como el Kei-Shicho o el Kodokan, u otras universidades fuertes. También estudió otros deportes de combate, como el sambo, lalucha o el sumo. Todo lo que tuviera relación con el Judo era estudiado por Sato sensei. Fue un excelente modelo para todo aquel que quisiera ser un competidor de élite. Predicando con el ejemplo.

Mi gran primera competición fue cuando cursaba segundo año en la universidad. El campeonato absoluto de Japón. Tres meses antes de la competición, Sato sensei dijo que no era un estudiante fuerte y perdí mi plaza en el Gasskujo, la antesela de los potenciales campeones. Después de que oyera que Sato sensei creía que no era un estudiante fuerte, decidí probarme a mí mismo. Llegué siempre el primero  en la sesiones de correr de por las mañanas. Llegué el primero cada día durante cuatro años. No fue fácil. Forzarme tan duramente a correr me dio unos niveles de estamina muy buenos. Conseguí, también, mejorar mi técnica. Todo ello me llevó a poder combatir en la final. Aunque no gané, quedé segundo ante Minami. Este resultado me dio mucha confianza en mí mismo y me confirmó que si quería ser un campeón debía de mejorar mi técnica.
Empecé a participar en los campeonatos por equipos, que no tenían límite de peso. Fui el participante más ligero en este tipo de competición que había tenido la universidad. También fui nombrado el mejor estudiante judoka del año.

Mientras tanto Sato sensei seguía entrenando muy duramente, aunque todavía no había podido conseguir proclamarse campeón de Japón. Un día, en 1972, me dijo: “el que lo intenta más que el resto puede llegar a ser un judoka muy fuerte, pero para convertirse en un campeón necesitas hacer algo extra, algo especial.” Este fue un comentario muy profundo.  Estaba valorando la posibilidad, de que a pesar de que lo hubiera intentado durante mucho tiempo, quizás él mismo no fuera nunca un campeón. Después de mi graduación en 1974, Sato sensei tenía 30 años y todavía seguía intentando alcanzar su sueño. Mucha gente pensó que probablemente ya era demasiado mayor para ser campeón del All-Japan Championship, pero ese mismo año, a pesar de que estaba muy lejos de su condición física óptima alcanzada años atrás, finalmente fue campeón de Japón. Estuve allí para verlo convertirse en un campeón. Con lágrimas en los ojos, me dijo: “Kashiwazaki, si entrenas más fuerte que el resto, puedes convertirte en un campeón.” Tuve mucha suerte de tener a estos tres entrenadores, tan especiales.

Cuando cumplí los 23 años, me gradué en Tokai. Mi ambición desde que era joven, fue la de ser profesor. Había tenido buenos profesores y ellos habían sido un buen ejemplo para mí. Fui a enseñar a la prefectura de Ibaraki. En un pueblo rural en la parte noreste. Mis estudiantes del instituto de Taga High School fueron de mucha ayuda para que pudiera convertirme en el campeón de Japón, y en 1975 lo conseguí. Esto fue inusual y algo extraño, porque los judokas fuertes casi siempre entrenaban juntos en grandes ciudades, como Tokyo. Pero yo tuve que entrenarme y prepararme con métodos poco convencionales: corría mucho e hice muchos randoris de sombra y uchi-komi. Al acabar los entrenamientos de judo de los estudiantes del instituto de Taga, iba a la pista de baloncesto. Cuando caía la noche, la pista quedaba completamente a oscuras. Esto me ayudaba muchísimo para poderme imaginar a mis oponentes y poder entrenar mi judo conmigo mismo. Fue como si tuviera a personas realmente fuertes entrenando conmigo.



Mientras estuve en Taga tomé muy pocos descansos en mi entrenamiento durante 7 años. Cada mañana iba a correr con diferentes estudiantes, no sólo los de judo. Algunas veces miembros del equipo de béisbol, o del equipo de atletismo. Incluso después de una competición de alto nivel, al día siguiente, muy temprano, tenía algunos estudiantes tocándome la puerta para que fuera a correr. El problema es que vivía muy cerca del instituto. Y claro, cada año había estudiantes que llamaban a mi puerta. Por supuesto, cuando ganaba una importante competición lo celebrábamos todos juntos. La mayoría de veces venían a mi casa a comer y beber y como eran buenos chicos, lo dejaban todo ordenado y limpio.

Mis colegas del instituto fueron siempre de mucha ayuda y también amables. Me cubrían algunas clases cuando yo tenía que realizar ejercicios de sentadilla o de press de banca. Asega Toshiyuki fue un compañero y amigo que me ayudó mucho. Incluso cuando las cosas no fueron demasiado bien, él estuvo ahí. Es un gran hombre y un gran amigo.

La gran decepción de mi carrera sucedió cuando en Mayo de 1980 el gobierno japonés declaró que no iba a participar en los juegos olímpicos de Moscú. Recibí una medalla de la AJJA en la categoría ligera como competidor seleccionado, representando a Japón en Mosú, pero claro, para mí esto no era suficiente y tampoco me consolaba. El director de la escuela, naturalmente, quería que allí fuera profesor y aunque anteriormente había aceptado que fuera a entrenar pidiendo que me sustituyeran mientras me preparaba para las olimpiadas, no estuvo demasiado contento cuando le solicité otro año para poder preparar el campeonato del mundo. Podía sentir como mi cuerpo se hacía mayor. No podía entrenar tan bien como me gustaría  y debía de elegir entre el trabajo y mi amor hacia el judo. Elegí el judo y decidí marcharme de Ibaragi. Mi próximo destino fue en Tokyo.

El entrenamiento fue mucho mejor aquí. Empecé a entrenar en la universidad de Tokai a tiempo completo. Pude entrenar muy bien con judokas muy fuertes en los mejores dojos de Japón. Cuando luché en los campeonatos mundiales sentía que iba a ganar sin ninguna duda. Fue la época también, en que probablemente más disfruté en los entrenamientos. Sabía que físicamente estaba bien, y técnicamente también. Además, acumulaba la parte de madurez que me daba mucha experiencia en comparación a los jóvenes estudiantes de Tokai.

Recuerdo como en las concentraciones con el equipo nacional japonés, solíamos entrenar con el equipo junior nacional y acudíamos a entrenamientos donde se reunían los mejores judokas de todo Japón. Tanto jóvenes como los más veteranos. Si veía a algún joven que en el futuro podía ser de mi peso y ya era fuerte, le pedía para practicar. Generalmente me dejaba tirar con facilidad con su tokui waza (su técnica favorita). El chico cogía confianza y cuando años más tarde volvía a encontrarme con él, esta vez en una competición e intentaba hacer su técnica favorita con mucha confianza, yo le hacía una contra técnica con mayor facilidad. Y ganaba.

Además, en las mismas concentraciones, si por la noche quedábamos un grupo grande para beber, en general solía ser el senpai, por ser el más mayor. Por lo que ordenaba a todos los chicos que bebieran bastante. Yo también bebía. Bueno, al menos hacía como si bebiera mucho. Luego hacía ver que estaba muy borracho, aunque no era cierto. A la mañana siguiente les despertaba a todos a las 6:00 de la mañana para ir a correr y apretaba mucho el ritmo. Correr siempre se me dio bien. Ellos me habían visto la noche anterior en muy mal estado y no podían comprender cómo era capaz de correr tanto y tan rápido. Esto hacía que los presentes y futuros rivales me respeteran más.

Debí de hacer muchos sacrificios, dejar el trabajo que amaba para volver a Tokyo a entrenar. Todo el mundo me ayudó muchísimo. Mis amigos, los estudiantes, Sato sensei y la universidad de Tokai. No podía considerar la posibilidad de perder. Era impensable. Gané el Campeonato del mundo de Masstrich el 5 de Septiembre de 1981.




Un mes más tarde volví a Japón. Fui hospitalizado por la lesión en el codo que tenía y tuvieron que operarme. Por lo que no pude competir en el Open de Japón y tampoco pude entrenar durante dos meses. Después, una noche, después de tres meses de haber vuelto a los entrenamientos, estaba sentado en mi casa y noté algo extraño. Mi cuerpo empezó a desvanecerse y tuve un terrible dolor de cabeza. Era incapaz de mover el lado izquierdo de mi cuerpo. No había nadie allí para ayudarme y estuve sentado toda la noche hasta que Sato sensei me encontró al día siguiente. Fui llevado al hospital y después de una semana los fuertes dolores de cabeza pararon. El doctor me dijo que debería de estar unos 6 meses allí hospitalizado, sin embargo me fui al mes de entrar. Mis amigos Yamashita, Shirase y Sato sensei fueron de gran ayuda durante esta época. Volví a casa y quise continuar haciendo judo otra vez, a riesgo de sufrir un daño cerebral irreparable o parálisis. Tenía un fuerte daño en el cuello, los doctores no sabían muy bien porqué había sido causado, si por el judo o algún accidente de nacimiento, pero no querían arriesgarse a que hiciera más judo. Sin embargo, empecé a entrenar otra vez y de hecho, me noté realmente fuerte. Tiraba a todo el mundo fácil. Más fácil de lo que nunca lo había hecho. Pero los estudiantes y mis parejas de entrenamiento no querían entrenar fuerte conmigo a riesgo de que sufriera daño. La fortaleza con la que me notaba al entrenar no era real. Entré en el Campeonato nacional de Japón y perdí, para mi sorpresa, teniendo en cuenta mi preparación. Decidí que era hora de retirarme. Pero no me retiraría como un enfermo que se pasaba el día tomando pastillas. Me quería retirar como un campeón, así que decidí a ganar la Kano Cup.

Había ganado competiciones para mí mismo, para la universidad, para Japón, pero nunca había luchado por mi salud. Paré de tomar las medicinas porque estaban teniendo efectos negativos sobre mi cuerpo y entrené durante los siguientes 6 meses priorizando la competición que venía. Y el día llegó. Todo el mundo sabía que esa era mi última batalla. Todos mis amigos y colegas vinieron, incluso mi familia y mis tres profesores. También mi prometida, Sumiko. Generalmente, no solían venir a verme porque si perdía podía caer en una profunda depresión. Sin embargo ese día era diferente. Quería enseñarles que ese era el verdadero yo y no alguien sentado en una silla de ruedas. Era mi última oportunidad. Gané a mi gran rival Sahara en la final con Ashi-tori-ouchi-gari por ippón. Tuve una sensación muy extraña al acabar. El final de mi carrera como competidor. Me sentí triste. Pero tuve bastante suerte de poder acabar mi carrera como un campeón y con mi salud intacta.



Este post fue originalmente escrito en http://www.esdojo.es/.

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