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lunes, 5 de agosto de 2013

Katsuhiko Kashiwazaki: Biografía (I)

La mayoría de las charlas que mantuvimos con Katsuhiko Kashiwazaki sensei cuando estuve en Budai me parecieron muy interesantes. Es un tipo peculiar. Muy peculiar. He intentado reunir aquello de lo que me acuerdo y contó sobre su vida y lo iré poniendo aquí en diferentes entradas.

Cuando empecé a hacer judo a los 10 años, jamás podría haber imagino que un día sería un campeón. A esta edad, de hecho, no tenía ningún tipo de aspiración hacía dicho objetivo. Recuerdo como, después de la escuela, en una calurosa tarde de verano, mientras caminaba volviendo a casa, pasé por delante de un Dojo local. La puerta estaba abierta. Vi a uno de mis amigos de la escuela practicando judo y decidí darle una oportunidad. Al principio no estaba muy interesado en ello.

No era especialmente fuerte, ni tampoco tenía ninguna habilidad innata en la que destacara. Todo el mundo me tiraba en el tatami y yo era incapaz de tirar a nadie. Pero estuve yendo al Dojo siete días a la semana, sin coger ningún día libre. Después de seis meses, todavía era solmente 5º Kyu, pero estaba satisfecho porque esto significaba que no sería mucho tiempo más un cinturón blanco. Puedo recordar comprando el cinturón verde y el día en que cambié de color. Estaba tan impaciente de estrenar mi nuevo cinturón que lavé mi judogi con el nuevo cinturón verde quedando verdes los dos. Ahora soy 7º dan, pero la sensación que experimenté el día que recibí el cinturón verde jamás se ha vuelto a repetir con un cambio de grado.

katsuhiko kashiwazaki
Katsuhiko Kashiwazaki
Mi profesor por aquel entonces, el señor Shotaro Kubo (5º dan) me dijo en aquel momento: “Ahora te estás volviendo fuerte, pero no debes de olvidar que así como te estás volviendo fuerte, también debes de crecer como persona.”

Kubo sensei tenía un estilo de entrenamiento muy duro, y también se interesaba por las cosas que nos pasaban fuera del tatami. Cada debía debíamos de leer el periódico y cada día, después de la clase de judo, se nos preguntaba sobre ello por nuestro Senpai. El objetivo era que no descuidáramos nuestras mentes con el objetivo de mejorar nuestro físico. Kubo sensei consideraba que el equilibrio físico y mental era muy importante. Debíamos de tener práctica en la lectura y no podíamos acudir a la práctica de judo hasta que no lo hubiéramos hecho. Esta mezcla de educación mental y física de nuestro cuerpo es el verdadero espíritu del Judo.

Mi primer profesor de judo también nos hacía practicar Shodo (caligrafía japonesa) y el alfabeto en inglés. Sin embargo, mis habilidades en esto, al igual que en el judo, no mejoraban lo rápido que me hubiera gustado. Kubo sensei fue un gran profesor y yo un alumno mediocre.

Habitualmente hacíamos los entrenamientos de verano (Shochugeiko) y los entrenamientos de invierno (Kangeiko). Íbamos a escalar a la montaña, recolectábamos dinero para la caridad y aprendíamos modales y formas de estar.

Tengo muchos recuerdos de Kubo sensei, sin embargo hay un recuerdo que destaca por encima de los demás. Cuando yo tenía trece años, siete de nosotros viajamos con él a Tokyo para visitar el Kodokan. Teníamos mucho tiempo y dinero para invertir en un sitio así. Estábamos realmente contentos de visitar el Kodokan. Cuando volvíamos a casa, en Iwate, tres de nosotros llegamos tarde sin ninguna excusa real. Kubo sensei tenía una cara realmente triste. Nos dijo que había fallado como profesor porque había sido incapaz de enseñarnos algo tan básico como la puntualidad. Uno a uno nos agarró las muñecas y nos obligó a golpear su cara. Decía que había sido mal profesor y que por ello nosotros también éramos malos alumnos. Cada uno de nosotros golpeó su cara. Este hecho me impresionó bastante y me hizo pensar en lo que había sucedido. Por entonces no terminé de entender lo que había pasado, pero años más tarde, cuando fui profesor y con el tiempo, cada vez lo vi más claramente.

Cuando cumplí los catorce años, Kubo sensei se fue a vivir a Kanagawa. Diecisiete años después estuvo en Maastricht (Holanda) para ver cómo me convertía en Campeón del mundo. Creo que fue un momento muy conmovedor para ambos.

Cuando cumplí los dieciséis años, fui al instituto de Kugi. Aquí empezó mi segundo período en mi desarrollo como judoka. Había conseguido curtir un espíritu de Judo muy fuerte gracias a los entrenamientos y a la educación de Kubo sensei. Sin embargo, en Kugi lo que aprendí fue el espíritu de ganar y perder. El señor Yuto Wayama fue el responsable de esto. Me dio unas buenas bases para lo que más tarde se convertiría en mi especialidad: Ne-waza. 

Continuará...

Este post fue originalmente escrito en http://www.esdojo.es/